Las 20 mejores cosas que pasan cuando llevas un año viajando

Hoy llenos de dicha celebramos 1 año de estar viajando sin retorno a nuestra casa, han sido 365 días llenos de toda clase de emociones, 1 año en donde nos hemos sentido muy acompañados de todas las personas que nos han acogido durante el viaje y de todas las que nos siguen y nos motivan a través de las redes sociales. Son tantas las experiencias que sentimos que estamos en deuda con ustedes para contarles todo y cada una de las cosas que han acontecido pero no lo hemos hecho aún. Para celebrar queremos compartirles las que para nosotros son las 20 mejores cosas que pasan cuando llevas un año viajando sin volver a casa. Aquí van:

1. Te vuelves más práctico: Luego de haber decidido dejarlo todo para viajar por un año o dos las decisiones parecen más sencillas de tomar, ya nada parece tan complicado, y te vuelves muy práctico al tomar decisiones. Nada parece tan incómodo después de que te has acostumbrado a dormir en un lugar distinto cada noche, y tus decisiones responden a ello, lo haces con más facilidad y rapidez que antes.

2. Paciencia, tu nuevo don: Eso que tanto has pedido a Dios o al universo se te concede luego de un año de viaje, después de darte cuenta que en ningún colegio jamás nunca sobre la faz de la tierra enseñaron a nadie a caminar por la derecha. Una vez que lo has asumido, lo has comprendido y lo has hecho parte de ti ya estarás un paso más cerca de convertirte en un ser de luz. Tu ritmo ya no es el de un turista acelerado adelantando lentitos, vas al ritmo de la gente, disfrutas del contacto y el calor humano en una multitud bajo el sol y 37 grados centígrados, ahí es cuando descubres tu nuevo don.

3. Flexibilidad, sí, por este también hemos implorado antes: Una vez te has acostumbrado a cambiar tanto de planes que te has salido del plan A, B, C… X, Y y Z, para terminar haciendo aquello que nunca habías contemplado dentro de tus opciones te habrás convertido en una persona mucho más flexible.

4. Encuentras interesante enfrentar el riesgo. Cuando estás fuera de tu zona de confort te parece entretenido arriesgarte y lo haces cada vez más seguido. Viajando no son pocas las veces que te encuentras de frente ante una situación que jamás has vivido antes y una vez la tienes ahí no la quieres dejar escapar, entonces te arriesgas, y por una cuestión hormonal el asunto se vuelve adictivo y luego ya no quieres parar.

5. Ya nada parece lejos cuando de caminar se trata. Cuando tu promedio diario son 24.000 pasos (unos 17 Km) cualquier distancia parece corta. Esto ha ayudado a que de momento no se noten todos los helados que nos hemos comido. La cuenta es cara para los pies, y aunque leímos decenas de veces aquello de no usar calzado nuevo en un viaje, para nosotros después de acabar nuestro primer par fue inevitable cambiar de zapatos, claramente no tardaron las ampollas en llegar.

6. Valoras la comodidad de un colchón para dormir. Como muchas veces será en un aeropuerto, un bus, un tren o hasta en una estación de autobuses, la magia de dormir en un buen colchón es altamente apreciada. Tanto que cuando tienes la oportunidad ya no quieres levantarte de ahí.

7. Reconoces la bondad e infinita generosidad de la gente. El mundo es bueno, si no es todo al menos en su mayoría. La gente que nos ha ofrecido hospedaje, tanto familiares y amigos como desconocidos (que ahora son amigos) han sido absolutamente generosos con nosotros, nos ofrecen todo lo que esté en sus manos y hasta más, reconocer esa generosidad en la humanidad nos hace ser conscientes de que también vivimos en un mundo bueno, a pesar de lo que vemos en las noticias.

8. Haces amigos por todo el mundo. Creo que es lo que nos ha hecho más felices, la gente. Si hay algo que haya valido la pena en este viaje es la gente que hemos conocido, desde niños pequeños con grandes sonrisas, pasando por los locos de 18-25 años que nos llenan de juventud y nos hacen sentir en nuestros 20 de nuevo, hasta los adultos responsables y soñadores (como nosotros) y los adultos mayores que nos muestran el perfil de estilo de vida (viajero por supuesto) que anhelamos tener a esa edad como Rik y Erna en Bélgica.

9. Adquieres destrezas para viajar en avión, bus, tren, barco, etc. Luego de tantos vuelos, buses, trenes, ferries y demás hemos adquirido mañas eligiendo asiento, que no nos dé el sol, que veamos el mejor paisaje, que podamos estirar las piernas, que salgamos pronto, etc. Así como a ser ágiles en la entrada y salida de puestos de control.

10. Aprendes de historia y geografía de la manera más didáctica y divertida posible. Aprender de la guerra fría en Berlín, de la independencia de Estados Unidos en Boston, de la primera guerra mundial en Ypres, de los Romanos en Italia, Croacia y Turquía, de… en fin, los colegios deberían sacar alguna ventaja de esto, aunque lo que hemos visto es que muchos ya lo hacen.

11. Descubres tus habilidades con los idiomas. Saludar y dar las gracias en varios idiomas te llena de confianza en ti mismo y empatía con la gente. No hay nada que los locales valoren más que un “gracias” en su idioma, hemos visto cientos de sonrisas con un hvala en Croacia o un teşekkür ederim en Turquía.

12.Entiendes de manera distinta la importancia de las cosas materiales. Luego de cargar una mochila a cuestas por tanto tiempo empiezas a desestimar el valor de algunos objetos que antes creías imprescindibles. Para que entre algo nuevo en tu mochila hay algo que debe salir. De más está decir que no hay espalda para cargar recuerditos de cada país.

13. Vivir con un presupuesto nunca te había enseñado tanto. Sí llegar a fin de mes con tu sueldo es  un reto en este momento, un viaje te puede enseñar a administrar mejor tu dinero. Sentirse fuera de casa o de la zona de confort activa muchos mecanismos de supervivencia, y ahora el dinero entra a hacer parte del juego porque con este garantizamos techo y comida, verás como algunas veces excederte en ocio te puede costar el presupuesto del hospedaje, ahí es cuando te ves en la necesidad de pensar dos veces en cómo utilizar sabiamente tus recursos, y de repente tus elecciones se van haciendo más sabias, como todo, lo aprendes por repetición.

14. Cuestionas todo lo que formaba parte de tus creencias. Al conocer tanta gente y modos de vida distintos no hay escapatoria a expandir tu mente, puedes cambiar algunos preconceptos que tenías establecidos, empiezas a  cuestionarte de nuevo muchas de tus creencias, tu religión, tus posturas políticas, opiniones y estilo de vida, todas son perspectivas que son susceptibles de cambio con un viaje. También aprendes a admirar y algunas veces a amar costumbres distintas a las que ya conocías y ahora querrás apropiarte de ellas.

15. No vuelves a tener una rutina. Si lo que quieres es salirte de tu rutina por un tiempo, vete de viaje, es muy difícil mantener una rutina cuando estás en ruta y tienes que moverte constantemente, ni siquiera la hora de levantarte es la misma, ni hablar de la hora de las comidas o de una hora específica para hacer ejercicio. Pero la parte buena es que con este reto a tu disciplina encuentras otras formas de hacer las cosas, siempre hay tiempo para lo importante, por ejemplo el ejercicio es reemplazado por largas caminatas en las ciudades, o la hora de lectura puede ser fácilmente más de una hora mientras vuelas o viajas de un lugar a otro.

16. Encontrarte a tu gente en la ruta. No hay nada que te recargue más durante un viaje que encontrarte a la gente que quieres en la ruta. Mejor si viajan para reunirse contigo. Muchos de los momentos más felices durante este año ha sido disfrutar de una ciudad distinta con amigos o familia que no veías desde tu partida.

17. La comida local se vuelve tu comida favorita. En tu ciudad siempre eliges un restaurante según el tipo de comida del que estés antojado, viajando es distinto porque dependiendo del tiempo que tengas en cada destino quieres probar cada sabor que este tenga para ofrecer, por lo que tus elecciones tenderán siempre por los sabores locales.

18. Alistar tu maleta en 5 minutos. Esta es de las cosas que aprendes por repetición y no por gusto, por más que te emocione hacer un viaje el momento de hacer la maleta no es el que más disfrutas. Que con el tiempo vas cogiendo cancha y de repente ya tienes todo listo en 5 minutos, es una de las cosas que pasan cuando llevas mucho tiempo viajando.

19. No paras de sorprenderte. Nunca paran las sorpresas, desde un músico llevando alegría a las calles hasta un atardecer en cualquier rincón del planeta, no pierdes las capacidad de asombro, sigues conmoviéndote ante las cosas sencillas, sigues riendo y disfrutando como un niño pequeño un paseo en bici o jugando en unos chorros de agua fresca en cualquier plaza para refrescar el calor del verano, esa capacidad no cesa durante los viajes ¡y es genial!

20. Humildad: Entre más viajas y conoces te das cuenta que no has visto nada y que se te iría la vida intentando conocer todos los rincones y culturas del planeta y aun así no alcanzarías. Necesitamos más vidas que el gato para alcanzar a ver todos los destinos que el mundo tiene para ofrecer. Y entre más conoces te das cuenta de cuantos mundos hay y cuán distintos al tuyo son. Aprendes qué equivocados estamos al tratar de imponer nuestras creencias o pensamientos sobre otros, a desarmar al ego y no sentirnos con la razón absoluta sobre ninguna postura.  Esta lección es de lejos la más valiosa.

No podemos estar más agradecidos con Dios y el Universo por este último año vivido. Ha estado pleno de experiencias enriquecedoras en muchos sentidos. Repetiríamos muchas veces más esta experiencia y todavía no nos arrepentimos.

Los queremos invitar a que nos compartan sus mejores cosas que han aprendido viajando, seguramente podemos hacer un listado tan largo como lugares en el mundo.

Un muy feliz abrazo desde Zagreb – Croacia.

Moni y Beto

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