Un viaje que nos cambie la vida

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Esta mañana estaba corriendo por la isla de Koh Pha Ngan y pensaba en lo afortunada que era en ese mismo instante, un jueves, 10 am y yo corriendo por una isla paradisiaca bajo la lluvia en Tailandia. Y en ese mismo instante fui consciente que poco más de mi último año de vida (hasta ahora) lo he vivido así, de manera afortunada y sorprendiéndome cada día con lo que va sucediendo, lo haya planeado o no, a veces mejor si no.

Y es que a pesar de que ha habido hechos que podríamos haber considerado “desafortunados” todo finalmente ha pasado. En ese instante esta mañana como en muchos otros durante este viaje, y durante la vida misma, simplemente estamos y existimos ahí, en donde estemos en un momento determinado y seamos capaces de disfrutar la vida, y todo es completo; sin pensar en lo que pasó, ni en lo que vendrá, solo estar ahí, presentes, y en un segundo el mundo entero parece en pausa, sonriéndonos.

No es el viaje en sí, aunque no lo niego, el viaje suma y mucho, descubrir un lugar cada día, conocer gente nueva, comunicarnos, aprender, explorar, renunciar a viejas costumbres, adoptar nuevas, romper paradigmas y prejuicios, escuchar, cantar, bailar, nadar, volar, comer. Suena como a muchos de los placeres de la vida juntos, también dormir y soñar por supuesto. Pero más allá de eso, es el ser capaces de disfrutar el instante que se presente como sea que venga, porque siempre previamente, conscientes o no, lo habremos elegido.

Hace dos meses tuve un accidente mientras hacía un trekking por los Himalayas en Nepal. Perdí la visión en mi ojo derecho por alrededor de 3 semanas. Fue una experiencia muy dura al comienzo, no solo por el dolor físico y el hecho de no poder ver, sino también por el pánico que me producía que pudiese ser irreversible, porque ese riesgo existía, y también por la depresión de un reposo (encierro) a más de 15.000km de distancia de mi familia y amigos. Pero fue en esa oscuridad donde la vida me permitió darme cuenta de todas las luces que alumbran mi vida, las que siempre han estado ahí pero que a veces necesitas la noche para apreciarlas. Cada día pasaba lentamente por esos días, no era capaz de entender la tremenda lección que esta situación traía a mi vida, solo veía lo negativo.

Fueron varias noches sin poder dormir, algunos días de intenso dolor, y lo más doloroso, de frustración por el hecho de estar lidiando con una situación que había llegado a cambiarnos todos los planes. Luego de una semana tuvimos que viajar a India ya que en Nepal no podían ofrecerme tratamiento. En India con sus grandes mentes médicas me diagnosticaron y trataron el problema, sugiriéndome que debíamos regresar a Colombia por ser un tratamiento de más de 6 semanas, de nuevo lo inesperado. La frustración y la desesperanza no se iban, yo pensaba que hasta ahí nos había llegado el viaje.

Gracias al gran hombre que tengo a mi lado, mi mejor amigo y a quien elegí como compañero de viaje, mi esposo; a toda mi familia que también incluye a la de él, y a mis buenos amigos, este hecho se volvió un proceso de aprendizaje. La vida es como decidas tomarla y la ves con los ojos que decidas verla, y de eso se trató la lección. Me enfoqué en el proceso, dejé de renegar, dejé de querer adelantar aquello por lo que estaba pasando para aparecer de repente en una playa y empecé a abrazar el momento, por oscuro que pareciera, y fue ahí en donde todo empezó a cambiar, empecé a fluir con la situación, a esperar, me vi forzada a ser creativa en la forma que aprovechaba ese tiempo de reposo, un tiempo que parecía muerto en vista de que no podía ver pantallas, leer ni mucho menos escribir.

Escuché muchos audios de historia universal, lo que ahora considero un nuevo hobby, aproveché el tiempo para aprender a aquietar mi mente y meditar, algo que de otra manera nunca hubiese intentado; tuve largas conversaciones con mis padres a los que antes dejaba de llamar por días, y fui feliz, me encantó volver a hablar con ellos a diario, los sentía cerca, con ellos y con todos los que estuvieron ahí a mi lado, a pesar de la distancia. Ahora, dos meses después, no puedo estar más agradecida por haber vivido esta experiencia, a veces somos tan ciegos o tan cabeza dura que hacen falta situaciones como esta para apreciar lo afortunados que somos, a veces al tocar fondo lo único que podemos hacer es impulsarnos hacia arriba, y luego, agradecer.

Esta mañana corriendo también recordé todo esto que hoy les estoy contando, y me sentí feliz y gratificada, porque aunque en ese momento no lo entendía muy bien, esa experiencia hacía parte de la “Experiencia Cambia Vidas” que estaba buscando en este viaje y que tanto había deseado. Aunque seguro seguirán haciendo falta muchas más para cambiar y mejorar todo lo que quisiera y debiera, me siento feliz de que pasara, y agradezco profundamente todo lo que me enseñó. En ese momento recordé esa frase que ni sé de quién es, pero dice “Ten cuidado con lo que deseas, porque se te puede cumplir”.

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“Cuando entendamos que no es un día más sino un día menos, empezaremos a valorar lo que realmente importa”

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